¿Qué Tipo De Persona Eres?

Son muchas las conversaciones en las que he escuchado esta frase, “Yo siempre he sido el tipo de persona que…”. Muchas personas se quieren identificar o ser conocido por sus opiniones o sus creencias sobre ellos mismos. Algunas de las creencias son adoptadas y adaptaciones del mundo en el que han crecido. En ocasiones podemos ver como el ambiente en que se han criado acondiciona su perspectiva de la vida, la forma de pensar de ellos y del mundo en que viven. Estas adaptaciones y opiniones, aunque sinceras, puede que estén sinceramente equivocadas.
Cuando recibimos el evangelio comienza una transformación personal algo milagrosa para algunos o paulatina para otros. El Apóstol Pablo lo afirma de esta forma, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Ya no podemos ser la persona que éramos. Tenemos que ir en busca de el nuevo “yo”. El “yo” según el pensamiento de Dios. El “yo” que desea un cambio radical en su vida. La Biblia aconseja así, “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañoso…” (Efesios 4:22). La expresión “yo siempre he sido” niega la efectividad de la voluntad de Dios para nuestras vidas a favor de la forma de vivir del viejo hombre.
Ya yo no soy el que siempre era; soy nueva criatura. El Apóstol Pedro lo declara de esta forma, “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia…” (2 Pedro 1:3-4)
Hebreos 10:39
Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.
¡Dios te bendiga!
¿Quien Es El Culpable?
¿Quien Es El Culpable?
Nadie quiere declararse culpable. Puedes ir a cualquier corte de leyes y notaras que la mayoría de los acusados se declaran “no culpables”. Ha sido la estrategia humana el de siempre declararse inocente aun de los crímenes más horrendos y horripilantes. Quieren salir absueltos usando la ley y sus reglas para no tener que dar cuentas a nadie. No quieren perder su libertad y en algunos casos no quieren perder su vida. Así ha sido desde el principio de la historia del hombre.
Cuando Adán y Eva pecaron fueron confrontados por Dios. Les pidió explicaciones por el terrible acto que habían cometido. Sus vidas y la del resto de la humanidad habían sido rendidas al pecado y la muerte. “La mujer que TU me diste” fue la escusa de Adán. La serpiente me engaño y comí” dijo la mujer. A la serpiente no le preguntó nada porque ya Dios sabía sus razones. El hombre fue severamente castigado junto a su mujer con la horrible consecuencia de vivir con dificultades, dolor y finalmente la muerte.
A estas alturas todavía el hombre quiere creer que Dios es injusto y que El tiene la culpa de todos los problemas de la humanidad. “La mujer que TU me diste” sigue resonando en las excusas del hombre. Es tu culpa Dios… Tú fuiste el que me diste la mujer y a razón de eso yo pequé. Esa estrategia no le resultó a Adán en el principio y tampoco te resultará a ti amigo.
Hay muchos que maldicen a Dios porque han vivido una vida desordenadas y las repercusiones han llegado a sus vidas. ¿Quién tiene la culpa? No amigo, la culpa no es Dios. El hombre quiere echarle la culpa a Dios por las guerras, cuando es el mismo hombre quien la implementa en contra de él mismo. Quiere echarle la culpa a Dios por las enfermedades, cuando el hombre se acarreó esa consecuencia en el jardín de Edén. Qué son las enfermedades sino síntomas de muerte. Hay tantos problemas en la vida de muchos porque el hombre ha decidido andar sin Dios y sin su consejo.
Hoy es el día de reconocer tu culpa ante Dios amigo. Abre tu mente y corazón ante Dios. Dile, soy culpable, pero te pido perdón. Acepto el sacrificio de Jesucristo en la cruz del calvario el cual me limpia de todo pecado y culpa. Quiero andar en tu consejo y vivir una nueva vida en tu justicia. Pídelo en el nombre de Jesús, ¡Amén!
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