Porque un niño nos es nacido, Hijo nos es dado, y el
principado
sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable, Consejero,
Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. (Isaías
9:5-7)
Celebramos nuevamente la Navidad. ¡Que
maravillosa época del año! Los bullicios en las tiendas, las comidas
tradicionales y las reuniones con amigos y familiares. Todo con el espíritu
de la gran celebración. Es una celebración anual que, en algunos casos, ha
perdido su enfoque. La época de la Navidad se ha convertido prácticamente
en eso mismo, una época. Una vez la temporada termina…
termina.
Pero la Navidad es mucho más que una celebración anual. Es
el recordatorio del cumplimiento de una promesa divina. Es la llegada
del Prometido. De aquel que llegaría para darle al mundo la oportunidad de
redención y salvación. Sin embargo, parece que este gran aspecto de la
navidad se está perdiendo dándole paso a los regalos, golosinas, bebida y
comida.
El profeta Isaías había profetizado la llegada de un
Niño
Príncipe, admirable, consejero que llegaría a convertirse en Dios
fuerte y Padre Eterno. Creo que la Navidad es un evento por encima de las
celebraciones acostumbradas. Los Ángeles celebraron también y alabaron
a Dios…
Lucas 2: 10-14
Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os
doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha
nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es
CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en
pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el
ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y
decían: !Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad
para con los hombres!
Ese Niño creció, murió, resucitó y
está sentado a diestra de Dios padre. Recordemos que desde allí ha de
venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Pero el regocijo de la Navidad
está en las palabras del Apóstol Pablo en Romanos 8:1 “Ahora, pues,
ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no
andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”
¡Feliz
Eterna Navidad!
Santos Méndez
Pastor de
los Ministerios Cristiana Sembrando Semillas, Kissimmee,
FL
¿Quien Es El Culpable?
¿Quien Es El Culpable?
Nadie quiere declararse culpable. Puedes ir a cualquier corte de leyes y notaras que la mayoría de los acusados se declaran “no culpables”. Ha sido la estrategia humana el de siempre declararse inocente aun de los crímenes más horrendos y horripilantes. Quieren salir absueltos usando la ley y sus reglas para no tener que dar cuentas a nadie. No quieren perder su libertad y en algunos casos no quieren perder su vida. Así ha sido desde el principio de la historia del hombre.
Cuando Adán y Eva pecaron fueron confrontados por Dios. Les pidió explicaciones por el terrible acto que habían cometido. Sus vidas y la del resto de la humanidad habían sido rendidas al pecado y la muerte. “La mujer que TU me diste” fue la escusa de Adán. La serpiente me engaño y comí” dijo la mujer. A la serpiente no le preguntó nada porque ya Dios sabía sus razones. El hombre fue severamente castigado junto a su mujer con la horrible consecuencia de vivir con dificultades, dolor y finalmente la muerte.
A estas alturas todavía el hombre quiere creer que Dios es injusto y que El tiene la culpa de todos los problemas de la humanidad. “La mujer que TU me diste” sigue resonando en las excusas del hombre. Es tu culpa Dios… Tú fuiste el que me diste la mujer y a razón de eso yo pequé. Esa estrategia no le resultó a Adán en el principio y tampoco te resultará a ti amigo.
Hay muchos que maldicen a Dios porque han vivido una vida desordenadas y las repercusiones han llegado a sus vidas. ¿Quién tiene la culpa? No amigo, la culpa no es Dios. El hombre quiere echarle la culpa a Dios por las guerras, cuando es el mismo hombre quien la implementa en contra de él mismo. Quiere echarle la culpa a Dios por las enfermedades, cuando el hombre se acarreó esa consecuencia en el jardín de Edén. Qué son las enfermedades sino síntomas de muerte. Hay tantos problemas en la vida de muchos porque el hombre ha decidido andar sin Dios y sin su consejo.
Hoy es el día de reconocer tu culpa ante Dios amigo. Abre tu mente y corazón ante Dios. Dile, soy culpable, pero te pido perdón. Acepto el sacrificio de Jesucristo en la cruz del calvario el cual me limpia de todo pecado y culpa. Quiero andar en tu consejo y vivir una nueva vida en tu justicia. Pídelo en el nombre de Jesús, ¡Amén!